4.19.2009

Un Cuento Sobre La Primera Vez. Edición final el mismo día en que se concibió. 19 de Abril

Esta es una narración en primera persona, lo que no quiere decir que sea una experiencia personal, no es autobiográfico es más bien algo casi profético, la suma de muchos momentos a una noche especial.




Aquella tarde del diecinueve de abril, cansado de la rutina del libreto diario me propuse vivir una pequeña aventura. Pensé en la manera más original, una manera en la que ni yo mismo tuviera la certeza de lo que estaba ocurriendo. Cogí el teléfono y busqué un número de entre mis recuerdos, no fue muy difícil ubicarlo, estaba ahí donde hace tiempo lo encontraba tan rápido. Con el teléfono pegado al oído y la vista al vacío, a cada timbre imaginaba su voz y me ahogaba con tan solo pensar en iniciar la conversación sin caer en el pánico para no deslucir la sorpresa. Tras los tres segundos más largos de mi vida, contestó ella misma, con su voz clara y plena, como quien me da la sensación de que ya esperaba mi llamada, con un ¡hola! Sabiendo quizás que tengo hoy algo importante y diferente, sobre todo diferente de que hablarle, más que hablar, proponer. Dudé unos instantes. Entendía de donde nacían esos nervios que ahora me inundaban y no me dejaban hablar, era que hace tiempo no le hablaba a esa mujer en ese tono seductor, talvez ya lo habría olvidado. Con voz serena y tratando de ocultar mi emoción la saludé, como si el tiempo no hubiese pasado y todo fuera como aquella primera vez cuando la conocí. En silencio escuchó mi propuesta, también dudo unos instantes y aceptó salir conmigo aquella noche del diecinueve de abril, estaba sorprendida, fue al descubrir su desconcierto que me invadió una sensación de calma, como si yo tuviera el control de la situación. Me fue inevitable, quizás necesario, recordar que nuestro primer y casi habitual lugar de encuentro era la banca de un parque, del cual yo aseguraba seria mío algún día, del cual también exactamente desde aquella especial banca, puntualmente a las nueve de la noche, sabíamos ella y yo de la vista sin igual de la luna, cual privilegiado espectáculo personal. Sabíamos que ese seria el lugar indicado para aquel encuentro, la hora estaba definida por la luna, las situaciones se darían según había transcurrido el tiempo para cada uno de nosotros. Al escuchar el primer tono en el teléfono que me decía que ella había terminado la conversación, después de su enternecedora y emocionada despedida, me quedé pensando en ella. Los años habían perfeccionado su carácter sin hacerle perder su fresca y tierna jovialidad. Era una mujer que pese a su inmensa capacidad y entrega de madre había sabido mantenerse bonita. Era amiga, estuvo siempre presente para mí, siempre elegante, inteligente, culta y de trato encantador. Fue así como ella me esperaría o yo la esperaría a las nueve en aquella banca de la primera vez, o esperaríamos a recordar aquellos momentos, quizás revivirlos.


La había conocido cuando era una muchachita llena de alegría, de aquella jovialidad pero siempre sobria, un equilibrio increíble, era la forma en la que yo siempre la adoré. Fue allá en una ciudad de verde ausente y cielo hermoso, pero casi siempre gris, éramos estudiantes, salíamos a bailar juntos a discotecas, aunque a mí nunca me hubiese gustado la música a pleno volumen pero si quizás bailar. Esa tarde del diecinueve de abril me quedaban recuerdos del inevitable romance que una vez había nacido entre los dos. Luego, ella se había casado, el esposo era una buena persona, trabajador, dedicado en su posibilidad a su familia, no había tiempo más importante para él, solo más importante sus tres hijos, sin embargo nada había mermado en ella su espíritu juvenil. Entonces también recorríamos parques y conversábamos mucho, era que disfrutaba de aquella banca, del viento, su presencia, su voz, su jovialidad, en fin, era ella y yo.


A esa hora su marido no estaría en casa y los niños estarían ya en cama, como ella me dijo que seria y alguna vez lo habíamos conversado. Ella al igual que yo, tenía la curiosidad y la necesidad de vivir momentos diferentes, momentos de diversión después de los años que habían pasado. El esposo como lo sabia yo y como lo acababa de percibir, por la emoción con que ella recordó aquel parque y la hora, era uno de esos hombres que trabaja en exceso y que en sus prioridades nunca pondría sobre su trabajo y su descanso una noche para el recuerdo y la diversión, o quizás no hubo notado nunca la necesidad de soñar y volar una vez más de su esposa.


A las nueve de la noche de aquel diecinueve de Abril la busqué en el lugar concertado. El día había transcurrido muy lento, ya había perdido la cuenta de las veces que había visto el reloj en la pared y peor aún con él que llevaba en la muñeca, esta no era una noche para llegar tarde, esta noche sería como la primera vez desde el primer minuto. Y así fue, llegué muy puntual, ahora no tengo la certeza, no sé si busqué en el parque que algún día tendría que ser mío, porque así se lo había prometido mientras soñábamos, la banca donde sabia estaría ella, por su necesaria e impugnable puntualidad o buscaba la mejor vista de la luna, donde estaba seguro también estaría ella, era parte del acuerdo, la hora y el lugar estaban definidos por la luna.


Fui sorprendido al llegar a la banca, al lugar de la mejor vista de la luna, la que estaba en el parque que algún día tendría que ser mío. Ella no había llegado aún. Algo había cambiado, no era un mal presagio, por primera vez tendría que esperarla. No fue muy duro, la espera se limitó a unos poquísimos minutos hasta que noté la nerviosa silueta suya caminando cada vez más cerca, caminando entre el frío, venciéndolo y cada vez más cerca. Tal y como lo temía, no hubieron palabras para recibirla con la emoción que embargaba el momento, y una vez más como la primera vez, ella rompió el silencio, sonriente y nerviosa, lo hacia para darme calma y porque todo anduviera bien. Fue un “hola” a unos pasos de distancia delatando su emoción y dándome la sensación de poder controlar la situación, una vez más. La besé en la mejilla. Noté que ella también recordaba y revivía el tiempo pasado y ahora no muerto de aquella banca en aquel parque que ahora habíamos encontrado diferente pues en mucho tiempo no habíamos vuelto por ahí y mucho menos juntos, pero estaba igual de precioso.


¿Caminamos? Le dije, no pudimos sentarnos pues la banca estaba ahí perfecta, pero la luna fue sometida por las nubes de aquel repentino cielo nublado de aquella fría noche. Caminábamos por aquel parque que jamás olvidamos, hasta que noté en un roce con su piel que estaba fría, le ofrecí cenar en un restaurante que conocía para esa noche. A media luz, al sonido de un pianista que me dijeron talvez haya empezado a tocar el mismo día en que ella y yo nos conocíamos, nunca lo supe. Una vez más el momento en el restaurante fue como si fuera la primera vez, la más bella primera vez con ella a mi lado con esa magia que hacia mucho tiempo habíamos olvidado. El ambiente con el piano aislándonos de la realidad se prestaba a la confidencia, fue tal la magia y el piano que solo volví a la realidad cuando noté su mano cobijándose con la mía, como quien busca seguridad y quiere sentir que el momento es real, yo era real, ella es real, y el piano y su melodía, no los puedo explicar.


Nadie tenía derecho a juzgarnos. Ambos éramos personas maduras y si bien teníamos responsabilidades de familia, nada malo había en que saliéramos a recordar y a volver a las sonrisas de la primera vez. Salimos del restaurante con ella cobijada en mi brazo sintiéndose segura y cómoda apoyando su cabeza en mi hombro, mirándome por momentos y dedicándome su aliento reflejado como una nube de estrellas en el frío viento de aquella noche. Decidimos como lo hacíamos antes, ir a bailar.


Bajamos las escaleras de lo que había oído era un club, dentro todo era penumbra, era un lugar lo mas cercano a un bar clásico, este era un tanto más intimo, las mesas alumbradas por un pequeño destello de luz, y al fondo una escondida pista de baile para 5 parejas que bailaban secretamente cubiertas por la luz ámbar y rojo que los alumbraba, a un costado estaba el bar donde un caballero, que talvez sea amigo del pianista del restaurante por la edad y la complicidad que inspiraban, preparaba los tragos sin enterarse de lo que pasaba a su alrededor, sumido en su mundo ajeno a este por supuesto. Cuando por fin logré dar el vistazo, todos ahí, como nosotros eran personas que sentían ser una en la penumbra por la proximidad de sus cuerpos, como nosotros eran personas cuyas intenciones también anhelaban volver en el tiempo en su proximidad, trataban de recordar aquella mirada que hacia años no habían vuelto a descubrir. Nadie notaba nuestra presencia, me pareció que cada uno de esos cuerpos meciéndose entre las notas de la canción, que murmuraba en ese momento, volaba y volvía en el tiempo hasta aquella primera vez en que se encontraron a un paso del cielo al compás de una canción. Nos adentramos en esa atmósfera de nostalgia y romanticismo, ubicamos un lugar, las mesas todas eran para dos personas pero esta en particular la encontré especial, era un lugar tan confidencial, muy íntimo, al punto que dudo alguien se hubiera cuenta que estábamos ahí, un lugar que discreta y abiertamente te invitaba al amor. Al acomodarle la silla para que pudiera sentarse, noté que en el lugar no habían mozos, por lo que tuve que acercarme donde aquel caballero para ordenar la bebidas que nos acompañarían. Para ella un Gin and tonic que para el calor del lugar caía muy bien y para mí una botella de vino helado sabia que a ella también le apetecería.


Salimos a bailar. Sentí su cuerpo junto al mío, fue siempre como la primera vez, ya no tenia sus manos entre las mías, ahora estaban entrelazadas, confundidas sobre mi cuello, mis manos encontraban su silueta escondida bajo el suéter que traía puesto. La acariciaba como si fuera la primera vez, tratando de descubrirla entre tanta belleza, éramos parte del grupo de los que bailaban aquella melodía que nos había llevado a bailar, pero a la vez no estábamos con ellos, el mundo se redujo a la música, la penumbra, sus manos sobre mi cuello, su aliento cada vez mas cercano al mío, mis manos descubriéndola y cada canción fuera cual fuere, se hacia lenta en nuestra dimensión. La música era de un mundo ordinario, un mundo del cual salimos e inmortalizamos la melodía cuando lo inevitable sucedió. Un beso. Un primer beso, digo primer porque fue como la primera vez, estoy seguro y con conocimiento de causa lo afirmo, era la mejor primera vez de aquel club, era la mejor primera vez entre todas aquellas primeras veces en el club de las primeras veces y otro beso, este muy apasionado y otro más. Y no corten la música que el siguiente beso será más que una primera vez, será único como cada uno de esos momentos.


Al salir del club, la abrazaba por el hombro tratando de esconderla del tiempo, la había abrigado con mi saco antes de salir, ni el vino nos cobijaría de aquella noche fría pero trataba de ser la solución a las cosas que antes no pude volver a hacer, ella me abrazaba por la cintura y se refugiaba en mi pecho. La calle estaba desierta y caminábamos lo más lento posible hacia el carro para hacer más larga la noche, a su lado para mi el tiempo se había detenido, pero el momento de terminar aquel sueño se aproximaba cada vez más y nosotros volábamos hasta ello más lento también.


Palabras de un amor que había vencido al tiempo. Allí estábamos reviviendo el pasado que se hacía presente. Nuestros caminos nos habían unido una vez más. No había ni asomo de remordimiento en aquella entrega de mentes, corazones y cuerpos. Estábamos inmensamente felices, no había más que nosotros en ese universo de felicidad, donde ya el pasado sobre el presente y donde todo era por primera vez.


Al llegar a su casa, todo estaba silencioso, los hijos dormían hacia ya rato. Bajé a abrirle la puerta del carro. Nos miramos sin decir palabra, asumiendo que por primera vez deseábamos que esta no fuera la última vez, deseábamos que no se terminara la noche cuando estaba ya a punto de amanecer. Nos dimos un beso prolongado con la emoción del primero cual fuera el último, esa era la magia. Me tomó de la mano sorpresivamente y me caminamos juntos hacia la puerta. Muy temprano, por la mañana, giré la mirada y estaba ella a mi lado, la observe y no tarde en reconocerla, era ella, con la paz de un ángel, no quise despertarla, la abrigue y camine hacia la puerta y ella me dijo, mi amor, los niños hoy no van a la escuela. Esa mañana ella y yo nos amamos como siempre y más que la noche anterior y como si fuera por primera vez, empezamos una vida de casados una vez más.



La sensación que deja de ser sensación al encontrar en un video recuerdos de una noche que jamás se podra olvidar.


Un hombre hecho realidad


Felizmente la noche anterior abrumado por el deber de cumplir con un camino que por compromiso y no por vocación debo terminar (la idea de una carrera profesional, una carrera médica que me gusta y no me emociona), y que como esta vez me quita el tiempo de soñar y pensar, para hacer cosas que disfruto en un momento y olvido cuando vuelven a sofocarse en las entrañas de las novelas que me cautivan. No tuve tiempo de pensar en lo que sucedería el viernes por la noche cuando por fin aquello que había pensado como algo remoto y casi increíble se iba a hacer realidad. La noche anterior tenía entre mis manos el mejor testimonio de la realidad de mi sueño, cuatrocientas noventa y cuatro páginas y no las pude disfrutar porque el deber que casi era obstáculo no me dejaba espacio para emprender el vuelo y entregarme a aquellas letras que si disfruto. La noche se fue muy rápida. No hubiera sido así si hubiera pernoctado con la única idea de aquel suceso. Pero todo empezó así.

Cuando noté que ya había amanecido, no sé si lo estaba soñando antes pero ya tenia en el pensamiento inmediatamente después de abrir los ojos que hoy estaba como nunca muy cerca de cumplir un sueño, era la primera vez que me ocurría, no sé si sea parte de mi miseria pero así lo disfrutaba más, y volvió sobre mi aplastando otra vez mi sueño la idea de cumplir con las cosas que me había tocado hacer ese día para luego ir en busca de lo que anhelaba. Había leído con mucha ligereza unas hojas para lo que era un examen, casi esquivando y rozando en mi concentración la idea de soñar con el momento pleno de hacer realidad lo impensado hasta hoy. Las horas pasaban y el examen había resultado como siempre, respuestas concretas pero no satisfactorias. Al ver la luz fuera del aula, el ambiente en el que me movía entre la gente no era para mi, era un ambiente de pesadumbre, de angustia y yo debía andar feliz, pero sentí que era muy temprano para andar derrochando felicidad, así que por ahora solo bastaba sonreír ligeramente sin dejar escapar esa exageración que hoy si tendría justificación. Aquella pesadumbre y angustia solo tendría una salida aquella mañana calurosa, mis amigos lo sabían y no tardaron en recordarme que el único lugar donde podríamos hablar de lo sucedido era alrededor de un mesa redonda con nosotros como los caballeros abatidos explicando las causas de nuestra capitulación, enfatizando nuestras ideas con el brillo de la cerveza regocijándose de sus virtudes aun más cuando en el exterior del vaso que la contiene destila el rocío de un cáliz que relaja e inspira.

Después de litros de cerveza y horas de conversación, dejando atrás los desfogues y ahora en temas superfluos y casi banales, noté que era hora de partir, había esperado el momento de despedirme con la justificación sincera de ir a cumplir un sueño, de vencer la barreras de la incredulidad ciertamente mías. Estaba a kilómetros y horas de un sueño. ¿Alguna vez había estado así? Una vez más debo de decir que fue la primera vez. No me fue complicado decir “no me importa” a todo el repudio del que fuimos víctima mi anhelo, mi decisión y yo. Me despedí como un caballero y con la mirada fija a un sueño empecé a caminar.

El viaje incluyó una parada para terminar unos detalles en la consecución de aquel objetivo, faltaba la base de todo, el objeto con el que me impulsaría hasta el lugar y el momento indicados. Fue así, al cabo de una hora y un poco más de viaje tenia entre mis manos aquel objeto de ciento cuarenta y cinco páginas que al mismo tiempo de hacerme soñar en un universo diferente donde todo puede ocurrir y nada puede faltar, también me invitaba a cumplir un sueño. Son así esos objetos que tienen muchas páginas llenas de letras y pocos o sin dibujos, q a veces son gordos o a veces sencillos y que solo son simpáticos, para algunas personas, de la pasta para afuera y más aún cuando huelen a nuevos. Pero habemos locos, retrasados sentimentales, que si entendemos del valor de estos objetos tan incómodos y muchas veces muy adictivos.

Quedaban dos horas hasta el momento concertado, en mi calculo había decidido que podía llegar a casa, darme un baño, de repente cambiarme de ropa y volver a salir esta vez ya en una nube. Las cosas se iban dando como las esperaba, había llegado ya a casa en el tiempo que había calculado y ya estaba en la ducha quitándome los residuos de lo que había sido hasta ese momento un día para el olvido, al volver a mi habitación me invadió y me recorrió por todo el cuerpo una sensación de impaciencia al ver mis novelas en la biblioteca que de un tiempo a esta parte dejando de ser un lector de libros prestados empecé a alimentar. Al ver todas esas novelas ahí y al sentir que solo quedaban ahora minutos, la impaciencia se convirtió en una sensación exagerada de satisfacción, ya nada podía interponerse, todo estaba listo para que dentro de unos minutos un sueño más en la tierra se haga realidad. Sentado en el carro repudiaba la parsimonia con la que transcurría la vida del mundo en general fuera de mi, yo andaba con impaciencia tratando de que los metros se hagan centímetros y los minutos en segundos, trataba de vivir cada segundo de los que quedaban pero tres veces más a prisa que los demás pero no se podía hacer realidad tal locura, por lo que también a todas mis sensaciones debo de sumarle ahora la de la desesperación.

Caminando hacia el lugar de encuentro, no me di cuenta de la distancia ni el tiempo que me tomó llegar hacia él, no sé si en mi rumbo desorbitado golpee a alguien ni si me golpearon a mi, estaba ahora en el lugar concertado y había muchísima gente, no estaba seguro de si lo lograría, pero solo quedaba esperar por lograr lo que había anhelado hasta ese momento hacer, pero algo ya se había cumplido, estaba en el lugar donde tendría lugar a materialización de un sueño, eso era muy reconfortante. Mientras me hacia un lugar entre todas aquellas personas, me cruce con aquellos que nunca faltan en una realidad hermosa dándole el toque detestable para hacerla más real, un grupo de habladores que no hacían más que hablar cosas que nunca harían y de las que ellos mismos se reían con gran regocijo, hablaban de encararle a un hombre un error del cual a mi no me interesaba saber pues las virtudes de este eran más grandes que esa pequeña lesión en una esquina insignificante de su imagen. Cuando a un hombre se le recuerda es porque las cosas grandes que ha hecho opacan a los pequeños errores en los que ha caído.

Eran las siete de la noche y pensé que todo seria puntual pero él tardó doce minutos en aparecer y otros 5 minutos más en la presentación que un hombre como él no necesitaba. Y por fin, haciendo añicos mi angustia, emoción y desesperación apareció caminando, tocando el piso, no volaba como lo había imaginado. Lo primero que observé fueron sus manos, aquellas dibujantes de tantas noches de desvelo, eran tan normales que me sorprendieron más, buscaba en él algo que lo hiciera diferente a los que estábamos ahí para admirarlo, sus cabellos dando esa apariencia pardusca de la sabiduría, su mirada entre tímida y divertida, es mucho más alto de lo que había imaginado, no es orejón como lo esperaba y su sonrisa te invita a reír, que otra forma más de decir que era un hombre tal y cual muchos ahí, pero este a diferencia de todos recordado y admirado. Todo aquello hizo que mientras él caminaba y yo trataba de no perderme detalle alguno, observándolo de tal forma que no lo olvidara jamás, se me nublara la vista, tal cual parabrisas en tarde lluviosa que por suerte fue un detalle de la exageración de la emoción que no desbordo a mis mejillas. Ahora quedaba encontrar en sus palabras la explicación a todo lo inspirado hasta ese momento. No sé si fui yo quien empezó a aplaudir o seguí a los demás, pero cuando me di cuenta no tenia la menor intención de detenerme.

Empezó a hablar haciendo ironía sobre el agua que le habían servido y su fama de bohemio, no era para menos a nadie le importó y todos empezamos a reír con las primeras palabras de aquel hombre que no necesitaba ser perfecto. Luego hablaba de su primer roce con la literatura, que como todos empezó odiando los libros y odiando a quien le regalase un libro u osara leerle uno, eran todos aburridos para él, es por eso decidió escribir libros que a él le gustaran, literatura amena y no de menos calidad, vaya que lo logró. Él hablaba de alguna de sus novelas y yo cual concierto musical adivinaba de cual se trataba como si fuera la siguiente canción, por suerte le atiné a todas, lo cual no me pasa en los conciertos. Es muy emocionante cuando alguien te habla de algo que adoras, el habló de sus personajes y de lo mucho que dicen se parecen a él, pero él afirmo que no era así, que el solo hablaba de cosas que había visto y que le parecían dignas de ser escritas, cosas que habían sucedido en su entorno pero que al ser escritas llevaban mucho de él, como con orgullo dijo se lo había dicho JULIO CORTAZAR. El monologo se había transformado en una mecedora en la que el llevaba a sus lectores de una novela a otra haciéndonos disfrutar de los mejores momentos de cada una, haciéndonos suspirar a veces recordando los momentos de sus tan disparatados y apasionados personajes, hablar de Martin Romaña el perfecto retrasado sentimental, habló de Manongo Sterne Tobar y de TERESA, y por favor respeten las mayúsculas de TERESA que en este caso deja de ser el apellido de su madre para ser el signo distintivo de ser propiedad de TERESA MANCINI en un amor donde siempre será Abril, habló de Carlitos Alegre y Natalia de Larrea y todos los demás, haciendo síntesis de todos ellos, que por más pequeñas que fueron encendían la chispa de los recuerdos en una comunión secreta entre las palabras del autor y sus lectores que se entendían en un código secreto que quienes no entendían abandonaban la conferencia pues se les tornaba aburrida. La conferencia iba terminando y él hablaba de su última producción, todos lo contemplaban en silencio cuando contaba el cuento final de aquella colección de cuentos en él que habla de su padre y la desilusión-ilusión que pueden causar estos en nosotros. ¿Quién no quiere que su papá sea un héroe?

Al final como acto de burocracia y agradecimiento que él dijo odiaba, lo premiaron y le hicieron varios obsequios lo cual yo no vi porque sabia que a él no le interesaba y por ende a mi tampoco. Ahora estaba ya más cerca de finiquitar aquel sueño, estaba según me había hecho la idea a cincuenta personas de distancia de él, podía llegar donde él y hablar unos instantes, decirle lo que no dejaba de sentir al leer sus novelas y preguntarle alguna cosa que se me ocurriera en ese instante, mi objetivo era charlar con él, arrancarle alguna respuesta que solo fuera para mi, una insignificante intimidad entre él y yo, pero cuando noté la verdadera distancia que había entre él y la consecución de mi objetivo me quedé solamente con la satisfacción de haber estado en el lugar donde se hubiera podido realizar un sueño. Eran más de cien personas delante de mí deseando quizás también cumplir un sueño idéntico al mío. Me quede parado abrigando los rezagos de lo que había sido una ilusión pero ya me sentía iluso, era demasiada la distancia y corría tan rápido el tiempo, solo tenia una hora para que esas cien personas delante mío se fueran felices y me permitieran también realizar mi sueño, pero el tiempo pasaba y no me sentía ni un poquito más cerca. Quería que él me viera ahí parado y se diera cuenta que quería llegar a él porque tenia algo importante que decirle, ya lo tenia suficientemente pensado y como si él lo hubiese notado (o los organizadores notaron la cantidad de gente que esperaba), fui avanzando a un paso un poco más acelerado y alentador hacia él. Tenia que desfogar toda la emoción que no me dejaba estar quieto, me puse a leer en mi lugar y no logré entender ni una sola palabra, empecé a mirar a todos lados y solo logre hablar por unos instantes con un tipo que estaba detrás mío que supuestamente también luchaba por lo mismo que yo pero que no sabia nada de lo que yo le hablaba, y lastimosamente yo solo hablaba de aquel hombre y su obra, no entiendo como no me entendió y porqué estaba ahí, no lo sé, pero yo seguía nervioso e impaciente. Encontré entre mis habituales pensamientos a una persona la cual estaba seguro si entendería de la emoción que ponía en shock todas mis ideas, le envié un mensaje vía celular, tenía que decirle como me iba, como estaba, cualquier exageración no escapaba de lugar, lo hice de manera breve pues no me quise delatar en todo lo que era capas de escribir, pero ahora creo que por más cortas que hayan sido esas palabras delataban mucho más de lo que yo imagine y no pude controlar, incluso temí decirle que me hubiera encantado estuviera ahí conmigo, pero no lo hice por no delatarme y sé que ella lo entendió así.

Quedaban seis minutos de tiempo para poder cumplir mi sueño, quedaban delante de mí nueve personas, no sabia si lo lograría o no, pero hubo algo que me devolvió la calma, aquel mensaje enviado obtuvo respuesta. Al responder a su llamada ya quedaban 5 minutos y 6 personas delante de mí, todo se hacia un tanto más sencillo y yo estaba hablando con ella recuperando la calma, ya no era necesario que estuviera ahí, pues ya me había regalado al calma una vez más y mucho más cuando el tipo que guardaba a larga fila de gente que esperaba dijo solo diez más y yo sin contar ya sabia que mi sueño se había hecho realidad, ella en el teléfono se estaba despidiendo y ahora eran 5 personas delante de mí, no supe agradecer esa llamada pero estaba muy feliz. El tipo que iba tras mío me propuso que le tomara una fotografías con el escritor y él de la misma manera lo haría conmigo para luego enviármelas vía internet era cierto que lo había pensado antes, pero no se lo dije porque me había caído realmente mal, pero acepte su propuesta y continué esperando, ahora solo quedaba una persona delante de mí. Al ver el libro que llevaba en mi mano noté con sorpresa que no me había dado cuenta que con los nervios me sudaban las manos y estaba con esto mojando el libro que por suerte tenia una pasta ligeramente plastificada, por lo que casi al llegar hasta el escritor pude limpiar el libro y mis manos también, fue la ventaja de llevar un pantalón oscuro.

No lo había imaginado así, pero estaba parado frente a él sin poder decir una sola palabra, fueron cinco segundos en los que el escritor me miraba y yo no sabia que miraba, hasta que él me dijo: ¿a quién se lo dedico?, me miraba con una ligera sonrisa. Desperté y le dije: para Jhonatan, la “h” después de la “J” por favor, no dejaba de mirarme con esa sonrisa ligera que no olvidare y rápidamente añadí sin perder su mirada de mi vista-el escritor es un hombre sorprendido. El amor es motivo de sorpresa y el humor es un pararrayos vital-con esa frase resumía toda la literatura suya y él lo había entendido también así, muy bien, gracias, ahora su mirada era de espera, esperaba le dijera alguna otra cosa y si no lo hacia sabia que solamente dedicaría el libro y todo se habría terminado. La pregunta salió mientras me miraba ¿Cómo sabe cuando un cuento esta terminado? Cambió aún más su mirada, lo había cogido de sorpresa, estiro las manos ligeramente hacia los costados, insinuando un no lo sé y respondió: cuando creas o sientas que has dicho todo lo que tienes que decir, nada más siéntelo y cierra. Ahora fui yo quien se quedo sin palabras y el no tuvo más que hacer que dedicarme el libro poniendo mi nombre como NO se lo había dicho. Al fin y al cabo descubrí que era solo un garabato comparado con las mis palabras que compartimos en miradas y noventa segundos.
Con gran afecto para JONATHAN. ALFREDO BRYCE ECHENIQUE. Lima 2009

1.15.2009

La Noche Inventada

El tranquilo narrador quiere llorar. Se nota que revive nítidamente el pasado, pues se le humedecen los ojos, y tiene que callar un instante para no demostrar en la voz que esta sollozando en el alma.


Dos de la mañana, la casa esta en silencio. ¿Qué pensaras mientras tus ojos están cerrados? Así como cuando aquella noche te miraba, ¿hacia donde irán tus pasos? Me dijiste Adiós y me diste un beso en la mejilla. ¿Con quien estarás soñando mientras te observo así tan hermosa?

Estas en mi vida o en mis sueños, la verdad es que ya no sé lo que sea, solo recuerdo que alguna vez esto fue algo tan nuestro, algo tan real. Aquello que compartiste conmigo, algo tan grande o quizás nada, solo sé que no podré olvidarlo; compartimos momentos tan hermosos, momentos que ahora al verte dormida están al borde del abismo sin fondo de los recuerdos efímeros.

Fue magia, fue vida, fue amor, ¿fue amor?, yo aún sigo creyendo que si, que la fuerza que hizo que tus ojos se detuvieran sobre mi, no era más que eso, amor. Pero ahora ya estas dormida y no voy a despertarte, eres tan hermosa, esta noche guardare tus sueños.Temo despertarte, te extraño, quizás estés soñando conmigo, quizás no. Ha sido suficiente para esta noche, te he pensado, te he tenido a mi lado, quizás mañana podamos seguir, quizás mañana siga cultivando mi temor a despertarte. Pero esta noche te he observado dormir y me he conformado, he soñado despierto que soñabas conmigo, no te he despertado. Hace una semana fue la última vez.

Siempre creí que cuando este día llegara estaría listo, que una vez más todo seguiría en su lugar. Pero no fue así, parece que un huracán pasó por lo que quedaba de nuestro camino reacomodando todo, como después de un desastre, todo nuevo siempre mejor, aún estas en mi vida. Me imaginé un mejor amante, pero ahora sé que se acerca un terremoto y derepente no quede nada de lo que hasta ahora veía como me perfecta novela, aquella en la que tu escribes el final. Te perdí, te perderé, no lo sé, nada es igual, nada depende de lo que yo pueda escribir. Esta incertidumbre es más difícil que aguardar por aquel inevitable final al que caminamos juntos; este silencio me esta matando.

- Oye deja de escribir, ven, quiéreme y no hagas más (levantas la cabeza, buscas mi mirada, si, estás en lo cierto, no he dejado de mirarte) Ven abrázame fuerte, muy fuerte y esta vez no te vayas, no me dejes ir-(¿Estamos soñando?)-Abrázame fuerte, como aquella primera vez, quiéreme mucho, como si fuera la última vez. (mis brazos te reciben, tus ojos, que hermosos son, eres preciosa)
- Te quiero mucho-te digo(me sonríes y el mundo una vez más se reduce a nosotros dos, vuelve a girar, te acomodas en mis brazos, todo es calma nuevamente).

Ojala esta noche, esta historia no se terminara jamás, quisiera no dejar de escribir, no sé si mañana sigas aquí.

No hay mejor despedida que pensar que si, que fue amor, que lo sigue siendo aún después de ese beso en la mejilla, que lo sigue siendo (amor) de alguna forma en la que solo tu y yo esta noche lo sentimos. Pero no todas las historias pueden ser eternas pienso mientras te abrazo y nada me importa. Solo cuando te vas o me voy, vuelvo a morir, vuelvo a escribir pensando en esta noche, pensándola como futuro o como pasado. Da igual. El solo pensarte me hace sentirte, olerte, me hace vivir historias nuevas, me hace quererte y volver a soñar, vuelvo a escribir esperando leer esto contigo, una vez más en este lecho y creas como yo en este amor. Vuelvo a escribir buscando o esperando me des el final de esta tu novela, esta en la que en el final no te encuentro o me encuentro solo y escribiendo. Esta incertidumbre me esta matando.

Es esta una historia de la cual me hubiera gustado ser un espectador, pero no pude evitar ser el escribano de una Diosa Coronada de una noche de ensueño. ¿Cómo podría el escribano esquivar los inevitables roces con la historia sin perder el control y enamorarse de esta, cual bella rosa sin tampoco olvidar ni esquivar el dolor deleitoso de las espinas en una historia de amor?.