
Felizmente la noche anterior abrumado por el deber de cumplir con un camino que por compromiso y no por vocación debo terminar (la idea de una carrera profesional, una carrera médica que me gusta y no me emociona), y que como esta vez me quita el tiempo de soñar y pensar, para hacer cosas que disfruto en un momento y olvido cuando vuelven a sofocarse en las entrañas de las novelas que me cautivan. No tuve tiempo de pensar en lo que sucedería el viernes por la noche cuando por fin aquello que había pensado como algo remoto y casi increíble se iba a hacer realidad. La noche anterior tenía entre mis manos el mejor testimonio de la realidad de mi sueño, cuatrocientas noventa y cuatro páginas y no las pude disfrutar porque el deber que casi era obstáculo no me dejaba espacio para emprender el vuelo y entregarme a aquellas letras que si disfruto. La noche se fue muy rápida. No hubiera sido así si hubiera pernoctado con la única idea de aquel suceso. Pero todo empezó así.
Cuando noté que ya había amanecido, no sé si lo estaba soñando antes pero ya tenia en el pensamiento inmediatamente después de abrir los ojos que hoy estaba como nunca muy cerca de cumplir un sueño, era la primera vez que me ocurría, no sé si sea parte de mi miseria pero así lo disfrutaba más, y volvió sobre mi aplastando otra vez mi sueño la idea de cumplir con las cosas que me había tocado hacer ese día para luego ir en busca de lo que anhelaba. Había leído con mucha ligereza unas hojas para lo que era un examen, casi esquivando y rozando en mi concentración la idea de soñar con el momento pleno de hacer realidad lo impensado hasta hoy. Las horas pasaban y el examen había resultado como siempre, respuestas concretas pero no satisfactorias. Al ver la luz fuera del aula, el ambiente en el que me movía entre la gente no era para mi, era un ambiente de pesadumbre, de angustia y yo debía andar feliz, pero sentí que era muy temprano para andar derrochando felicidad, así que por ahora solo bastaba sonreír ligeramente sin dejar escapar esa exageración que hoy si tendría justificación. Aquella pesadumbre y angustia solo tendría una salida aquella mañana calurosa, mis amigos lo sabían y no tardaron en recordarme que el único lugar donde podríamos hablar de lo sucedido era alrededor de un mesa redonda con nosotros como los caballeros abatidos explicando las causas de nuestra capitulación, enfatizando nuestras ideas con el brillo de la cerveza regocijándose de sus virtudes aun más cuando en el exterior del vaso que la contiene destila el rocío de un cáliz que relaja e inspira.
Después de litros de cerveza y horas de conversación, dejando atrás los desfogues y ahora en temas superfluos y casi banales, noté que era hora de partir, había esperado el momento de despedirme con la justificación sincera de ir a cumplir un sueño, de vencer la barreras de la incredulidad ciertamente mías. Estaba a kilómetros y horas de un sueño. ¿Alguna vez había estado así? Una vez más debo de decir que fue la primera vez. No me fue complicado decir “no me importa” a todo el repudio del que fuimos víctima mi anhelo, mi decisión y yo. Me despedí como un caballero y con la mirada fija a un sueño empecé a caminar.
El viaje incluyó una parada para terminar unos detalles en la consecución de aquel objetivo, faltaba la base de todo, el objeto con el que me impulsaría hasta el lugar y el momento indicados. Fue así, al cabo de una hora y un poco más de viaje tenia entre mis manos aquel objeto de ciento cuarenta y cinco páginas que al mismo tiempo de hacerme soñar en un universo diferente donde todo puede ocurrir y nada puede faltar, también me invitaba a cumplir un sueño. Son así esos objetos que tienen muchas páginas llenas de letras y pocos o sin dibujos, q a veces son gordos o a veces sencillos y que solo son simpáticos, para algunas personas, de la pasta para afuera y más aún cuando huelen a nuevos. Pero habemos locos, retrasados sentimentales, que si entendemos del valor de estos objetos tan incómodos y muchas veces muy adictivos.
Quedaban dos horas hasta el momento concertado, en mi calculo había decidido que podía llegar a casa, darme un baño, de repente cambiarme de ropa y volver a salir esta vez ya en una nube. Las cosas se iban dando como las esperaba, había llegado ya a casa en el tiempo que había calculado y ya estaba en la ducha quitándome los residuos de lo que había sido hasta ese momento un día para el olvido, al volver a mi habitación me invadió y me recorrió por todo el cuerpo una sensación de impaciencia al ver mis novelas en la biblioteca que de un tiempo a esta parte dejando de ser un lector de libros prestados empecé a alimentar. Al ver todas esas novelas ahí y al sentir que solo quedaban ahora minutos, la impaciencia se convirtió en una sensación exagerada de satisfacción, ya nada podía interponerse, todo estaba listo para que dentro de unos minutos un sueño más en la tierra se haga realidad. Sentado en el carro repudiaba la parsimonia con la que transcurría la vida del mundo en general fuera de mi, yo andaba con impaciencia tratando de que los metros se hagan centímetros y los minutos en segundos, trataba de vivir cada segundo de los que quedaban pero tres veces más a prisa que los demás pero no se podía hacer realidad tal locura, por lo que también a todas mis sensaciones debo de sumarle ahora la de la desesperación.
Caminando hacia el lugar de encuentro, no me di cuenta de la distancia ni el tiempo que me tomó llegar hacia él, no sé si en mi rumbo desorbitado golpee a alguien ni si me golpearon a mi, estaba ahora en el lugar concertado y había muchísima gente, no estaba seguro de si lo lograría, pero solo quedaba esperar por lograr lo que había anhelado hasta ese momento hacer, pero algo ya se había cumplido, estaba en el lugar donde tendría lugar a materialización de un sueño, eso era muy reconfortante. Mientras me hacia un lugar entre todas aquellas personas, me cruce con aquellos que nunca faltan en una realidad hermosa dándole el toque detestable para hacerla más real, un grupo de habladores que no hacían más que hablar cosas que nunca harían y de las que ellos mismos se reían con gran regocijo, hablaban de encararle a un hombre un error del cual a mi no me interesaba saber pues las virtudes de este eran más grandes que esa pequeña lesión en una esquina insignificante de su imagen. Cuando a un hombre se le recuerda es porque las cosas grandes que ha hecho opacan a los pequeños errores en los que ha caído.
Eran las siete de la noche y pensé que todo seria puntual pero él tardó doce minutos en aparecer y otros 5 minutos más en la presentación que un hombre como él no necesitaba. Y por fin, haciendo añicos mi angustia, emoción y desesperación apareció caminando, tocando el piso, no volaba como lo había imaginado. Lo primero que observé fueron sus manos, aquellas dibujantes de tantas noches de desvelo, eran tan normales que me sorprendieron más, buscaba en él algo que lo hiciera diferente a los que estábamos ahí para admirarlo, sus cabellos dando esa apariencia pardusca de la sabiduría, su mirada entre tímida y divertida, es mucho más alto de lo que había imaginado, no es orejón como lo esperaba y su sonrisa te invita a reír, que otra forma más de decir que era un hombre tal y cual muchos ahí, pero este a diferencia de todos recordado y admirado. Todo aquello hizo que mientras él caminaba y yo trataba de no perderme detalle alguno, observándolo de tal forma que no lo olvidara jamás, se me nublara la vista, tal cual parabrisas en tarde lluviosa que por suerte fue un detalle de la exageración de la emoción que no desbordo a mis mejillas. Ahora quedaba encontrar en sus palabras la explicación a todo lo inspirado hasta ese momento. No sé si fui yo quien empezó a aplaudir o seguí a los demás, pero cuando me di cuenta no tenia la menor intención de detenerme.
Empezó a hablar haciendo ironía sobre el agua que le habían servido y su fama de bohemio, no era para menos a nadie le importó y todos empezamos a reír con las primeras palabras de aquel hombre que no necesitaba ser perfecto. Luego hablaba de su primer roce con la literatura, que como todos empezó odiando los libros y odiando a quien le regalase un libro u osara leerle uno, eran todos aburridos para él, es por eso decidió escribir libros que a él le gustaran, literatura amena y no de menos calidad, vaya que lo logró. Él hablaba de alguna de sus novelas y yo cual concierto musical adivinaba de cual se trataba como si fuera la siguiente canción, por suerte le atiné a todas, lo cual no me pasa en los conciertos. Es muy emocionante cuando alguien te habla de algo que adoras, el habló de sus personajes y de lo mucho que dicen se parecen a él, pero él afirmo que no era así, que el solo hablaba de cosas que había visto y que le parecían dignas de ser escritas, cosas que habían sucedido en su entorno pero que al ser escritas llevaban mucho de él, como con orgullo dijo se lo había dicho JULIO CORTAZAR. El monologo se había transformado en una mecedora en la que el llevaba a sus lectores de una novela a otra haciéndonos disfrutar de los mejores momentos de cada una, haciéndonos suspirar a veces recordando los momentos de sus tan disparatados y apasionados personajes, hablar de Martin Romaña el perfecto retrasado sentimental, habló de Manongo Sterne Tobar y de TERESA, y por favor respeten las mayúsculas de TERESA que en este caso deja de ser el apellido de su madre para ser el signo distintivo de ser propiedad de TERESA MANCINI en un amor donde siempre será Abril, habló de Carlitos Alegre y Natalia de Larrea y todos los demás, haciendo síntesis de todos ellos, que por más pequeñas que fueron encendían la chispa de los recuerdos en una comunión secreta entre las palabras del autor y sus lectores que se entendían en un código secreto que quienes no entendían abandonaban la conferencia pues se les tornaba aburrida. La conferencia iba terminando y él hablaba de su última producción, todos lo contemplaban en silencio cuando contaba el cuento final de aquella colección de cuentos en él que habla de su padre y la desilusión-ilusión que pueden causar estos en nosotros. ¿Quién no quiere que su papá sea un héroe?
Al final como acto de burocracia y agradecimiento que él dijo odiaba, lo premiaron y le hicieron varios obsequios lo cual yo no vi porque sabia que a él no le interesaba y por ende a mi tampoco. Ahora estaba ya más cerca de finiquitar aquel sueño, estaba según me había hecho la idea a cincuenta personas de distancia de él, podía llegar donde él y hablar unos instantes, decirle lo que no dejaba de sentir al leer sus novelas y preguntarle alguna cosa que se me ocurriera en ese instante, mi objetivo era charlar con él, arrancarle alguna respuesta que solo fuera para mi, una insignificante intimidad entre él y yo, pero cuando noté la verdadera distancia que había entre él y la consecución de mi objetivo me quedé solamente con la satisfacción de haber estado en el lugar donde se hubiera podido realizar un sueño. Eran más de cien personas delante de mí deseando quizás también cumplir un sueño idéntico al mío. Me quede parado abrigando los rezagos de lo que había sido una ilusión pero ya me sentía iluso, era demasiada la distancia y corría tan rápido el tiempo, solo tenia una hora para que esas cien personas delante mío se fueran felices y me permitieran también realizar mi sueño, pero el tiempo pasaba y no me sentía ni un poquito más cerca. Quería que él me viera ahí parado y se diera cuenta que quería llegar a él porque tenia algo importante que decirle, ya lo tenia suficientemente pensado y como si él lo hubiese notado (o los organizadores notaron la cantidad de gente que esperaba), fui avanzando a un paso un poco más acelerado y alentador hacia él. Tenia que desfogar toda la emoción que no me dejaba estar quieto, me puse a leer en mi lugar y no logré entender ni una sola palabra, empecé a mirar a todos lados y solo logre hablar por unos instantes con un tipo que estaba detrás mío que supuestamente también luchaba por lo mismo que yo pero que no sabia nada de lo que yo le hablaba, y lastimosamente yo solo hablaba de aquel hombre y su obra, no entiendo como no me entendió y porqué estaba ahí, no lo sé, pero yo seguía nervioso e impaciente. Encontré entre mis habituales pensamientos a una persona la cual estaba seguro si entendería de la emoción que ponía en shock todas mis ideas, le envié un mensaje vía celular, tenía que decirle como me iba, como estaba, cualquier exageración no escapaba de lugar, lo hice de manera breve pues no me quise delatar en todo lo que era capas de escribir, pero ahora creo que por más cortas que hayan sido esas palabras delataban mucho más de lo que yo imagine y no pude controlar, incluso temí decirle que me hubiera encantado estuviera ahí conmigo, pero no lo hice por no delatarme y sé que ella lo entendió así.
Quedaban seis minutos de tiempo para poder cumplir mi sueño, quedaban delante de mí nueve personas, no sabia si lo lograría o no, pero hubo algo que me devolvió la calma, aquel mensaje enviado obtuvo respuesta. Al responder a su llamada ya quedaban 5 minutos y 6 personas delante de mí, todo se hacia un tanto más sencillo y yo estaba hablando con ella recuperando la calma, ya no era necesario que estuviera ahí, pues ya me había regalado al calma una vez más y mucho más cuando el tipo que guardaba a larga fila de gente que esperaba dijo solo diez más y yo sin contar ya sabia que mi sueño se había hecho realidad, ella en el teléfono se estaba despidiendo y ahora eran 5 personas delante de mí, no supe agradecer esa llamada pero estaba muy feliz. El tipo que iba tras mío me propuso que le tomara una fotografías con el escritor y él de la misma manera lo haría conmigo para luego enviármelas vía internet era cierto que lo había pensado antes, pero no se lo dije porque me había caído realmente mal, pero acepte su propuesta y continué esperando, ahora solo quedaba una persona delante de mí. Al ver el libro que llevaba en mi mano noté con sorpresa que no me había dado cuenta que con los nervios me sudaban las manos y estaba con esto mojando el libro que por suerte tenia una pasta ligeramente plastificada, por lo que casi al llegar hasta el escritor pude limpiar el libro y mis manos también, fue la ventaja de llevar un pantalón oscuro.
No lo había imaginado así, pero estaba parado frente a él sin poder decir una sola palabra, fueron cinco segundos en los que el escritor me miraba y yo no sabia que miraba, hasta que él me dijo: ¿a quién se lo dedico?, me miraba con una ligera sonrisa. Desperté y le dije: para Jhonatan, la “h” después de la “J” por favor, no dejaba de mirarme con esa sonrisa ligera que no olvidare y rápidamente añadí sin perder su mirada de mi vista-el escritor es un hombre sorprendido. El amor es motivo de sorpresa y el humor es un pararrayos vital-con esa frase resumía toda la literatura suya y él lo había entendido también así, muy bien, gracias, ahora su mirada era de espera, esperaba le dijera alguna otra cosa y si no lo hacia sabia que solamente dedicaría el libro y todo se habría terminado. La pregunta salió mientras me miraba ¿Cómo sabe cuando un cuento esta terminado? Cambió aún más su mirada, lo había cogido de sorpresa, estiro las manos ligeramente hacia los costados, insinuando un no lo sé y respondió: cuando creas o sientas que has dicho todo lo que tienes que decir, nada más siéntelo y cierra. Ahora fui yo quien se quedo sin palabras y el no tuvo más que hacer que dedicarme el libro poniendo mi nombre como NO se lo había dicho. Al fin y al cabo descubrí que era solo un garabato comparado con las mis palabras que compartimos en miradas y noventa segundos.
Con gran afecto para JONATHAN. ALFREDO BRYCE ECHENIQUE. Lima 2009
Cuando noté que ya había amanecido, no sé si lo estaba soñando antes pero ya tenia en el pensamiento inmediatamente después de abrir los ojos que hoy estaba como nunca muy cerca de cumplir un sueño, era la primera vez que me ocurría, no sé si sea parte de mi miseria pero así lo disfrutaba más, y volvió sobre mi aplastando otra vez mi sueño la idea de cumplir con las cosas que me había tocado hacer ese día para luego ir en busca de lo que anhelaba. Había leído con mucha ligereza unas hojas para lo que era un examen, casi esquivando y rozando en mi concentración la idea de soñar con el momento pleno de hacer realidad lo impensado hasta hoy. Las horas pasaban y el examen había resultado como siempre, respuestas concretas pero no satisfactorias. Al ver la luz fuera del aula, el ambiente en el que me movía entre la gente no era para mi, era un ambiente de pesadumbre, de angustia y yo debía andar feliz, pero sentí que era muy temprano para andar derrochando felicidad, así que por ahora solo bastaba sonreír ligeramente sin dejar escapar esa exageración que hoy si tendría justificación. Aquella pesadumbre y angustia solo tendría una salida aquella mañana calurosa, mis amigos lo sabían y no tardaron en recordarme que el único lugar donde podríamos hablar de lo sucedido era alrededor de un mesa redonda con nosotros como los caballeros abatidos explicando las causas de nuestra capitulación, enfatizando nuestras ideas con el brillo de la cerveza regocijándose de sus virtudes aun más cuando en el exterior del vaso que la contiene destila el rocío de un cáliz que relaja e inspira.
Después de litros de cerveza y horas de conversación, dejando atrás los desfogues y ahora en temas superfluos y casi banales, noté que era hora de partir, había esperado el momento de despedirme con la justificación sincera de ir a cumplir un sueño, de vencer la barreras de la incredulidad ciertamente mías. Estaba a kilómetros y horas de un sueño. ¿Alguna vez había estado así? Una vez más debo de decir que fue la primera vez. No me fue complicado decir “no me importa” a todo el repudio del que fuimos víctima mi anhelo, mi decisión y yo. Me despedí como un caballero y con la mirada fija a un sueño empecé a caminar.
El viaje incluyó una parada para terminar unos detalles en la consecución de aquel objetivo, faltaba la base de todo, el objeto con el que me impulsaría hasta el lugar y el momento indicados. Fue así, al cabo de una hora y un poco más de viaje tenia entre mis manos aquel objeto de ciento cuarenta y cinco páginas que al mismo tiempo de hacerme soñar en un universo diferente donde todo puede ocurrir y nada puede faltar, también me invitaba a cumplir un sueño. Son así esos objetos que tienen muchas páginas llenas de letras y pocos o sin dibujos, q a veces son gordos o a veces sencillos y que solo son simpáticos, para algunas personas, de la pasta para afuera y más aún cuando huelen a nuevos. Pero habemos locos, retrasados sentimentales, que si entendemos del valor de estos objetos tan incómodos y muchas veces muy adictivos.
Quedaban dos horas hasta el momento concertado, en mi calculo había decidido que podía llegar a casa, darme un baño, de repente cambiarme de ropa y volver a salir esta vez ya en una nube. Las cosas se iban dando como las esperaba, había llegado ya a casa en el tiempo que había calculado y ya estaba en la ducha quitándome los residuos de lo que había sido hasta ese momento un día para el olvido, al volver a mi habitación me invadió y me recorrió por todo el cuerpo una sensación de impaciencia al ver mis novelas en la biblioteca que de un tiempo a esta parte dejando de ser un lector de libros prestados empecé a alimentar. Al ver todas esas novelas ahí y al sentir que solo quedaban ahora minutos, la impaciencia se convirtió en una sensación exagerada de satisfacción, ya nada podía interponerse, todo estaba listo para que dentro de unos minutos un sueño más en la tierra se haga realidad. Sentado en el carro repudiaba la parsimonia con la que transcurría la vida del mundo en general fuera de mi, yo andaba con impaciencia tratando de que los metros se hagan centímetros y los minutos en segundos, trataba de vivir cada segundo de los que quedaban pero tres veces más a prisa que los demás pero no se podía hacer realidad tal locura, por lo que también a todas mis sensaciones debo de sumarle ahora la de la desesperación.
Caminando hacia el lugar de encuentro, no me di cuenta de la distancia ni el tiempo que me tomó llegar hacia él, no sé si en mi rumbo desorbitado golpee a alguien ni si me golpearon a mi, estaba ahora en el lugar concertado y había muchísima gente, no estaba seguro de si lo lograría, pero solo quedaba esperar por lograr lo que había anhelado hasta ese momento hacer, pero algo ya se había cumplido, estaba en el lugar donde tendría lugar a materialización de un sueño, eso era muy reconfortante. Mientras me hacia un lugar entre todas aquellas personas, me cruce con aquellos que nunca faltan en una realidad hermosa dándole el toque detestable para hacerla más real, un grupo de habladores que no hacían más que hablar cosas que nunca harían y de las que ellos mismos se reían con gran regocijo, hablaban de encararle a un hombre un error del cual a mi no me interesaba saber pues las virtudes de este eran más grandes que esa pequeña lesión en una esquina insignificante de su imagen. Cuando a un hombre se le recuerda es porque las cosas grandes que ha hecho opacan a los pequeños errores en los que ha caído.
Eran las siete de la noche y pensé que todo seria puntual pero él tardó doce minutos en aparecer y otros 5 minutos más en la presentación que un hombre como él no necesitaba. Y por fin, haciendo añicos mi angustia, emoción y desesperación apareció caminando, tocando el piso, no volaba como lo había imaginado. Lo primero que observé fueron sus manos, aquellas dibujantes de tantas noches de desvelo, eran tan normales que me sorprendieron más, buscaba en él algo que lo hiciera diferente a los que estábamos ahí para admirarlo, sus cabellos dando esa apariencia pardusca de la sabiduría, su mirada entre tímida y divertida, es mucho más alto de lo que había imaginado, no es orejón como lo esperaba y su sonrisa te invita a reír, que otra forma más de decir que era un hombre tal y cual muchos ahí, pero este a diferencia de todos recordado y admirado. Todo aquello hizo que mientras él caminaba y yo trataba de no perderme detalle alguno, observándolo de tal forma que no lo olvidara jamás, se me nublara la vista, tal cual parabrisas en tarde lluviosa que por suerte fue un detalle de la exageración de la emoción que no desbordo a mis mejillas. Ahora quedaba encontrar en sus palabras la explicación a todo lo inspirado hasta ese momento. No sé si fui yo quien empezó a aplaudir o seguí a los demás, pero cuando me di cuenta no tenia la menor intención de detenerme.
Empezó a hablar haciendo ironía sobre el agua que le habían servido y su fama de bohemio, no era para menos a nadie le importó y todos empezamos a reír con las primeras palabras de aquel hombre que no necesitaba ser perfecto. Luego hablaba de su primer roce con la literatura, que como todos empezó odiando los libros y odiando a quien le regalase un libro u osara leerle uno, eran todos aburridos para él, es por eso decidió escribir libros que a él le gustaran, literatura amena y no de menos calidad, vaya que lo logró. Él hablaba de alguna de sus novelas y yo cual concierto musical adivinaba de cual se trataba como si fuera la siguiente canción, por suerte le atiné a todas, lo cual no me pasa en los conciertos. Es muy emocionante cuando alguien te habla de algo que adoras, el habló de sus personajes y de lo mucho que dicen se parecen a él, pero él afirmo que no era así, que el solo hablaba de cosas que había visto y que le parecían dignas de ser escritas, cosas que habían sucedido en su entorno pero que al ser escritas llevaban mucho de él, como con orgullo dijo se lo había dicho JULIO CORTAZAR. El monologo se había transformado en una mecedora en la que el llevaba a sus lectores de una novela a otra haciéndonos disfrutar de los mejores momentos de cada una, haciéndonos suspirar a veces recordando los momentos de sus tan disparatados y apasionados personajes, hablar de Martin Romaña el perfecto retrasado sentimental, habló de Manongo Sterne Tobar y de TERESA, y por favor respeten las mayúsculas de TERESA que en este caso deja de ser el apellido de su madre para ser el signo distintivo de ser propiedad de TERESA MANCINI en un amor donde siempre será Abril, habló de Carlitos Alegre y Natalia de Larrea y todos los demás, haciendo síntesis de todos ellos, que por más pequeñas que fueron encendían la chispa de los recuerdos en una comunión secreta entre las palabras del autor y sus lectores que se entendían en un código secreto que quienes no entendían abandonaban la conferencia pues se les tornaba aburrida. La conferencia iba terminando y él hablaba de su última producción, todos lo contemplaban en silencio cuando contaba el cuento final de aquella colección de cuentos en él que habla de su padre y la desilusión-ilusión que pueden causar estos en nosotros. ¿Quién no quiere que su papá sea un héroe?
Al final como acto de burocracia y agradecimiento que él dijo odiaba, lo premiaron y le hicieron varios obsequios lo cual yo no vi porque sabia que a él no le interesaba y por ende a mi tampoco. Ahora estaba ya más cerca de finiquitar aquel sueño, estaba según me había hecho la idea a cincuenta personas de distancia de él, podía llegar donde él y hablar unos instantes, decirle lo que no dejaba de sentir al leer sus novelas y preguntarle alguna cosa que se me ocurriera en ese instante, mi objetivo era charlar con él, arrancarle alguna respuesta que solo fuera para mi, una insignificante intimidad entre él y yo, pero cuando noté la verdadera distancia que había entre él y la consecución de mi objetivo me quedé solamente con la satisfacción de haber estado en el lugar donde se hubiera podido realizar un sueño. Eran más de cien personas delante de mí deseando quizás también cumplir un sueño idéntico al mío. Me quede parado abrigando los rezagos de lo que había sido una ilusión pero ya me sentía iluso, era demasiada la distancia y corría tan rápido el tiempo, solo tenia una hora para que esas cien personas delante mío se fueran felices y me permitieran también realizar mi sueño, pero el tiempo pasaba y no me sentía ni un poquito más cerca. Quería que él me viera ahí parado y se diera cuenta que quería llegar a él porque tenia algo importante que decirle, ya lo tenia suficientemente pensado y como si él lo hubiese notado (o los organizadores notaron la cantidad de gente que esperaba), fui avanzando a un paso un poco más acelerado y alentador hacia él. Tenia que desfogar toda la emoción que no me dejaba estar quieto, me puse a leer en mi lugar y no logré entender ni una sola palabra, empecé a mirar a todos lados y solo logre hablar por unos instantes con un tipo que estaba detrás mío que supuestamente también luchaba por lo mismo que yo pero que no sabia nada de lo que yo le hablaba, y lastimosamente yo solo hablaba de aquel hombre y su obra, no entiendo como no me entendió y porqué estaba ahí, no lo sé, pero yo seguía nervioso e impaciente. Encontré entre mis habituales pensamientos a una persona la cual estaba seguro si entendería de la emoción que ponía en shock todas mis ideas, le envié un mensaje vía celular, tenía que decirle como me iba, como estaba, cualquier exageración no escapaba de lugar, lo hice de manera breve pues no me quise delatar en todo lo que era capas de escribir, pero ahora creo que por más cortas que hayan sido esas palabras delataban mucho más de lo que yo imagine y no pude controlar, incluso temí decirle que me hubiera encantado estuviera ahí conmigo, pero no lo hice por no delatarme y sé que ella lo entendió así.
Quedaban seis minutos de tiempo para poder cumplir mi sueño, quedaban delante de mí nueve personas, no sabia si lo lograría o no, pero hubo algo que me devolvió la calma, aquel mensaje enviado obtuvo respuesta. Al responder a su llamada ya quedaban 5 minutos y 6 personas delante de mí, todo se hacia un tanto más sencillo y yo estaba hablando con ella recuperando la calma, ya no era necesario que estuviera ahí, pues ya me había regalado al calma una vez más y mucho más cuando el tipo que guardaba a larga fila de gente que esperaba dijo solo diez más y yo sin contar ya sabia que mi sueño se había hecho realidad, ella en el teléfono se estaba despidiendo y ahora eran 5 personas delante de mí, no supe agradecer esa llamada pero estaba muy feliz. El tipo que iba tras mío me propuso que le tomara una fotografías con el escritor y él de la misma manera lo haría conmigo para luego enviármelas vía internet era cierto que lo había pensado antes, pero no se lo dije porque me había caído realmente mal, pero acepte su propuesta y continué esperando, ahora solo quedaba una persona delante de mí. Al ver el libro que llevaba en mi mano noté con sorpresa que no me había dado cuenta que con los nervios me sudaban las manos y estaba con esto mojando el libro que por suerte tenia una pasta ligeramente plastificada, por lo que casi al llegar hasta el escritor pude limpiar el libro y mis manos también, fue la ventaja de llevar un pantalón oscuro.
No lo había imaginado así, pero estaba parado frente a él sin poder decir una sola palabra, fueron cinco segundos en los que el escritor me miraba y yo no sabia que miraba, hasta que él me dijo: ¿a quién se lo dedico?, me miraba con una ligera sonrisa. Desperté y le dije: para Jhonatan, la “h” después de la “J” por favor, no dejaba de mirarme con esa sonrisa ligera que no olvidare y rápidamente añadí sin perder su mirada de mi vista-el escritor es un hombre sorprendido. El amor es motivo de sorpresa y el humor es un pararrayos vital-con esa frase resumía toda la literatura suya y él lo había entendido también así, muy bien, gracias, ahora su mirada era de espera, esperaba le dijera alguna otra cosa y si no lo hacia sabia que solamente dedicaría el libro y todo se habría terminado. La pregunta salió mientras me miraba ¿Cómo sabe cuando un cuento esta terminado? Cambió aún más su mirada, lo había cogido de sorpresa, estiro las manos ligeramente hacia los costados, insinuando un no lo sé y respondió: cuando creas o sientas que has dicho todo lo que tienes que decir, nada más siéntelo y cierra. Ahora fui yo quien se quedo sin palabras y el no tuvo más que hacer que dedicarme el libro poniendo mi nombre como NO se lo había dicho. Al fin y al cabo descubrí que era solo un garabato comparado con las mis palabras que compartimos en miradas y noventa segundos.
Con gran afecto para JONATHAN. ALFREDO BRYCE ECHENIQUE. Lima 2009
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