Cuando Kate llamó y dijo que tenían
que hablar, Jim sabía que algo malo
pasaría. Pero cuando Jim iba de camino a verla, era indescriptible lo mucho que
pensaba en ella, en lo que pasaría; fue increíble que ese día el camino
estuviera tan despejado, los semáforos alineados en verde y que estuviera
llegando tan rápido y fácil. Fue la única vez en todo el tiempo que la quiso
que no hubiera querido llegar tan rápido. En todo el camino algo dentro de Jim
se iba retorciendo, como si no quisiera ir, como si en cada centímetro
recorrido se fuera muriendo. Era una muy clara y descriptible sensación de
agonía cuando llegó a la puerta y tocó.
Kate lo invitó a pasar, algo se
había desvanecido en ella desde el saludo y más aún cuando lo invitó a sentarse
en el sillón de enfrente. La relación no estaba bien, él lo aceptó, Kate ya no
sonreía, quizás ya no era feliz y le dijo que había dejado de quererlo cada día
un poco más, como siempre había sido. Kate le pidió terminar la relación, a lo
que Jim asintió bajando la cabeza y terminando de sentir algo que Kate tampoco
podía explicar, un gran vacío los embargaba a ambos, como si algo hubiera
dejado de existir mucho más allá de todo lo que ellos amaban y extrañaban de su
relación, algo más fuerte y grande había dejado de existir, un gran vacío ahora
resonaba dentro de los dos…
Aquel vacío, ¡él!, era el amor,
era un amor, un amor como cualquier otro, que cuando murió, al igual que todos
los amores, fue al cielo, al cielo de los amores y al llegar allá, fue recibido
por el amor de la portería que le pregunto ciertos datos, un poco extrañado le
dijo que él no tenía nada que estar haciendo por esos lados, pero que sin
embargo, siguiera y diera unas vueltecitas mientras el averiguaba que había
pasado; Y así fue, el amor entro y empezó a caminar por el cielo de los amores,
pero pronto, pronto se dio cuenta que todos los amores tenían un grupo definido
y tenían su grupo de amigos iguales, él entendió que él también tendría un
grupo por ahí y lo empezó a buscar.
Al principio creyó que iba a ser
sencillo, pero poco a poco empezó a ver grupos cada vez más distintos en los
que él no se sentía bien, así que acercándose al primer grupo, un grupo de
niños que jugaban alegres, les pregunto: "¿saben
ustedes de casualidad, que tipo de amor soy yo?", Uno de ellos, con
esa sonrisa de niño precoz se le acercó y le dijo con una voz muy tierna, "no, pero solo podemos decirte que
nosotros somos los amores infantiles", él empezó a recordar que en un
principio él fue un amor infantil, de aquellos que se toman de la mano y se
sonrojan, pero poco a poco creció y le pareció ilógico que ahora que estaba
muerto tendría que ser considerado de nuevo un amor infantil, así que con una
sonrisa se despidió del niño, aquel se sonrojó y se despidió.
Siguió caminando por el cielo
cuando encontró un bus que venía recorriendo el cielo, como ya estaba cansado
se subió en él y al ver a cantidades de amores viajando en él, les dijo: "perdón, de casualidad no saben
ustedes qué tipo de amor soy yo?" Uno de los amores que iba en el bus
lo miro y le dijo: "no, solo te
puedo decir que nosotros somos los amores pasajeros, aquellos sin destino que
pasamos sin dejar huella".
Triste porque no podía encontrar
su identidad el amor siguió caminando, se encontró con un grupo de amores, de
apariencia griega, con unas grandes batas y pensativos, él temeroso de
interrumpirlos se acercó y de nuevo les pregunto que si sabían ellos que clase
de amor era él, pero uno de ellos se volteó lo miró de arriba abajo sin mover
la cabeza y le dijo: "no lo sé, nosotros solo sabemos que somos los amores
platónicos".
Siguiendo con su camino, se
encontró con una serie de amores que miraban la pantalla de un computador muy
pequeño, este decía algo así como: "y esta es tu misión, si decides
aceptarla, este mensaje se destruirá en 5 4 3 2 1", al amor no le fue
difícil comprender que estos eran los amores imposibles y que en él nada había
imposible, no había sido un amor imposible.
Caminando ya sin querer
preguntarle a nadie, se encontró con un anciano que estaba sentado solo bajo un
árbol, "¿perdido?", le dijo
él, y el amor se dio vuelta para decirle, “sí,
lo que pasa es que no sé quién soy, me encuentro dando una vuelta porque
resulta que estoy aquí por error, quien sabe que habrá pasado, y mientras tanto
trato de buscar mi identidad, pero no la encuentro y eso me preocupa”, el
anciano lo observó, dejó escapar una breve sonrisa, y le dijo:
-¿De casualidad no te has sentido identificado con todos y a la vez sin
ser parte de ninguno?
- Si, eso es exactamente lo que me pasa, dijo el amor, ya un poco más
feliz, porque parecía ser que el anciano lo entendía.
- Mmm, ya veo, sabes, hace mucho no encontraba alguien como tu, o
alguien como yo, es que es algo muy raro, tu estas todavía muy joven y tal vez
por eso te confundes, yo ya llevo muchos años y aunque la pareja que me dio
vida, ya se encuentra muerta, yo todavía vuelvo a la tierra cada vez que
alguien me recuerda, estoy aquí de vacaciones, porque realmente no estoy muerto.
- “¿Cómo así? Perdón, pero realmente no entiendo”, dijo el amor, “¿usted dice que yo soy como usted? ¿ Qué me
quiere decir?.
En ese momento, una voz con mucha
autoridad le dijo al amor que lo necesitaba ya en la entrada del cielo, este
intento quedarse haciéndole preguntas al anciano, pero en ese momento una
fuerza divina lo transporto hacia la entrada. Ahí estaba el guardián del cielo
de los amores, diciéndole que sí, que efectivamente él no estaba muerto, que
había quedado en un estado de shock por el golpe tan duro, que el cielo no era
lugar para él.
En ese momento en la tierra de
los mortales Jim detuvo el carro, llamó a Kate y le dijo que no podía vivir sin
ella, que ese pequeño tiempo solo le había servido solo para saber y confirmar
cuanto la amaba, Kate le dijo que sentía lo mismo y el amor se empezó a sentir
vivo de nuevo, bajo del cielo a la tierra, desvaneció el vacío, volvió a vivir
y Kate volvió a sentirse feliz.
El anciano del cielo no se quedó
triste, sabía que lo volvería a ver, estaba un poco extrañado de que un amor de
su clase fuera tan joven, él pensaba que ya no existían, pero estaba
equivocado, pues lo acababa de ver.
Lo que el joven amor no sabe y
tal vez no sepa en muchos, pero muchos años es que él pertenece a esa raza
única, no es parte de ningún amor y tiene de todos, un amor que nunca muere, un
amor que sufre y llora pero siempre sale adelante, lo que el anciano no le
alcanzo a decir es que él, era el amor verdadero.
