4.03.2013

Un verdadero y novel amor


De un tiempo a esta parte la corta vida del tiempo y la imposibilidad de la distancia se habían vuelto excusas para no verse. Cuando en el principio la felicidad significaba detenerse en el tiempo, perderse en el espacio y desafiar al universo, juntos, siempre juntos. Jim la amaba, ella decía hacerlo mucho más. Él la extrañaba, Kate solo sonreía. Él la enamoraba todos los días y ella era feliz.  Sin embargo todo iba a cambiar.

Cuando Kate llamó y dijo que tenían que hablar,  Jim sabía que algo malo pasaría. Pero cuando Jim iba de camino a verla, era indescriptible lo mucho que pensaba en ella, en lo que pasaría; fue increíble que ese día el camino estuviera tan despejado, los semáforos alineados en verde y que estuviera llegando tan rápido y fácil. Fue la única vez en todo el tiempo que la quiso que no hubiera querido llegar tan rápido. En todo el camino algo dentro de Jim se iba retorciendo, como si no quisiera ir, como si en cada centímetro recorrido se fuera muriendo. Era una muy clara y descriptible sensación de agonía cuando llegó a la puerta y tocó.

Kate lo invitó a pasar, algo se había desvanecido en ella desde el saludo y más aún cuando lo invitó a sentarse en el sillón de enfrente. La relación no estaba bien, él lo aceptó, Kate ya no sonreía, quizás ya no era feliz y le dijo que había dejado de quererlo cada día un poco más, como siempre había sido. Kate le pidió terminar la relación, a lo que Jim asintió bajando la cabeza y terminando de sentir algo que Kate tampoco podía explicar, un gran vacío los embargaba a ambos, como si algo hubiera dejado de existir mucho más allá de todo lo que ellos amaban y extrañaban de su relación, algo más fuerte y grande había dejado de existir, un gran vacío ahora resonaba dentro de los dos…

Aquel vacío, ¡él!, era el amor, era un amor, un amor como cualquier otro, que cuando murió, al igual que todos los amores, fue al cielo, al cielo de los amores y al llegar allá, fue recibido por el amor de la portería que le pregunto ciertos datos, un poco extrañado le dijo que él no tenía nada que estar haciendo por esos lados, pero que sin embargo, siguiera y diera unas vueltecitas mientras el averiguaba que había pasado; Y así fue, el amor entro y empezó a caminar por el cielo de los amores, pero pronto, pronto se dio cuenta que todos los amores tenían un grupo definido y tenían su grupo de amigos iguales, él entendió que él también tendría un grupo por ahí y lo empezó a buscar.

Al principio creyó que iba a ser sencillo, pero poco a poco empezó a ver grupos cada vez más distintos en los que él no se sentía bien, así que acercándose al primer grupo, un grupo de niños que jugaban alegres, les pregunto: "¿saben ustedes de casualidad, que tipo de amor soy yo?", Uno de ellos, con esa sonrisa de niño precoz se le acercó y le dijo con una voz muy tierna, "no, pero solo podemos decirte que nosotros somos los amores infantiles", él empezó a recordar que en un principio él fue un amor infantil, de aquellos que se toman de la mano y se sonrojan, pero poco a poco creció y le pareció ilógico que ahora que estaba muerto tendría que ser considerado de nuevo un amor infantil, así que con una sonrisa se despidió del niño, aquel se sonrojó y se despidió.

Siguió caminando por el cielo cuando encontró un bus que venía recorriendo el cielo, como ya estaba cansado se subió en él y al ver a cantidades de amores viajando en él, les dijo: "perdón, de casualidad no saben ustedes qué tipo de amor soy yo?" Uno de los amores que iba en el bus lo miro y le dijo: "no, solo te puedo decir que nosotros somos los amores pasajeros, aquellos sin destino que pasamos sin dejar huella".

Triste porque no podía encontrar su identidad el amor siguió caminando, se encontró con un grupo de amores, de apariencia griega, con unas grandes batas y pensativos, él temeroso de interrumpirlos se acercó y de nuevo les pregunto que si sabían ellos que clase de amor era él, pero uno de ellos se volteó lo miró de arriba abajo sin mover la cabeza y le dijo: "no lo sé, nosotros solo sabemos que somos los amores platónicos".

Siguiendo con su camino, se encontró con una serie de amores que miraban la pantalla de un computador muy pequeño, este decía algo así como: "y esta es tu misión, si decides aceptarla, este mensaje se destruirá en 5 4 3 2 1", al amor no le fue difícil comprender que estos eran los amores imposibles y que en él nada había imposible, no había sido un amor imposible.

Caminando ya sin querer preguntarle a nadie, se encontró con un anciano que estaba sentado solo bajo un árbol, "¿perdido?", le dijo él, y el amor se dio vuelta para decirle, “sí, lo que pasa es que no sé quién soy, me encuentro dando una vuelta porque resulta que estoy aquí por error, quien sabe que habrá pasado, y mientras tanto trato de buscar mi identidad, pero no la encuentro y eso me preocupa”, el anciano lo observó, dejó escapar una breve sonrisa, y le dijo:
-¿De casualidad no te has sentido identificado con todos y a la vez sin ser parte de ninguno?
- Si, eso es exactamente lo que me pasa, dijo el amor, ya un poco más feliz, porque parecía ser que el anciano lo entendía.
- Mmm, ya veo, sabes, hace mucho no encontraba alguien como tu, o alguien como yo, es que es algo muy raro, tu estas todavía muy joven y tal vez por eso te confundes, yo ya llevo muchos años y aunque la pareja que me dio vida, ya se encuentra muerta, yo todavía vuelvo a la tierra cada vez que alguien me recuerda, estoy aquí de vacaciones, porque realmente no estoy muerto.
- “¿Cómo así? Perdón, pero realmente no entiendo”, dijo el amor, “¿usted dice que yo soy como usted? ¿ Qué me quiere decir?.
En ese momento, una voz con mucha autoridad le dijo al amor que lo necesitaba ya en la entrada del cielo, este intento quedarse haciéndole preguntas al anciano, pero en ese momento una fuerza divina lo transporto hacia la entrada. Ahí estaba el guardián del cielo de los amores, diciéndole que sí, que efectivamente él no estaba muerto, que había quedado en un estado de shock por el golpe tan duro, que el cielo no era lugar para él.

En ese momento en la tierra de los mortales Jim detuvo el carro, llamó a Kate y le dijo que no podía vivir sin ella, que ese pequeño tiempo solo le había servido solo para saber y confirmar cuanto la amaba, Kate le dijo que sentía lo mismo y el amor se empezó a sentir vivo de nuevo, bajo del cielo a la tierra, desvaneció el vacío, volvió a vivir y Kate volvió a sentirse feliz.

El anciano del cielo no se quedó triste, sabía que lo volvería a ver, estaba un poco extrañado de que un amor de su clase fuera tan joven, él pensaba que ya no existían, pero estaba equivocado, pues lo acababa de ver.
Lo que el joven amor no sabe y tal vez no sepa en muchos, pero muchos años es que él pertenece a esa raza única, no es parte de ningún amor y tiene de todos, un amor que nunca muere, un amor que sufre y llora pero siempre sale adelante, lo que el anciano no le alcanzo a decir es que él, era el amor verdadero.

  

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