
El gato esta sentado pensando en un nuevo anochecer. Se fue breve y preciosa, piensa en la noche y la vampira. ¡Cuanto la he disfrutado! Sonríe. ¿Que pasará cuando por fin la alcance? Pregunta el gato cuando la última estrella se ha esfumado. El silencio responde que la noche ha terminado. Ni el sol ni la lucidez son buenos en esta historia se dijo cuando notó que lo miraban como acusándolo de hacer algo malo, no estaba bien arriesgar tanto por algo tan fugaz oyó en el viento, pero él sabia que esto era, es y será interminable, un cuento de una noche que se hace novela a la espera de un desenlace y que según se había dado cuenta en cada noche, secuelas y hasta nuevos enemigos traía a la vista, no más grandes que la distancia y la imposibilidad del sol, pero no menos hirientes tampoco. En silencio, cuidadoso, no menos gracioso y mucho más sonriente el gato continuaba cada noche su viaje siempre en contra al sol y la lucidez, tendría que decirlo no era completamente feliz, porque muchas de las noches se quedaría a solas contemplando al horizonte, a veces en compañía de la luna, esperando a la vampira que varias noches atrás no había vuelto a sentir, porque verla ya era poco para lo que él esperaba.
El gato esta sentado, la luna es nueva y se extraña a la antigua, la llena, la que lo acompañaba cuando feliz y sonriente iba tras la vampira, deseoso de que no amanezca jamás en esa historia de la noche interminable y preciosa, y más preciosa mientras más interminable.
Los días han pasado, el cielo esta despejado, la luna brillaba y la vampira se hacia sentir por el recuerdo de su aroma y el borgoña que brillaba en su cabello flotando en el aire que todavía sentía resplandecer en sus ojos el gato mientras observaba en el horizonte con sonrisa y nostalgia mezcladas, albas y ocasos, sin diferenciarlos en los días de ausencia de la vampira, todos confundidos e ignorados en el tiempo también. Pensaba que en cuanto la luna y su belleza le devuelvan con brillo de luna llena, a la vampira y su encanto hipnótico, él haría todo lo posible por alcanzarla, siempre en silencio, tratando de no hacer el más mínimo ruido, llegar a su lado, correr al compás, por fin, a su lado y tratar de descubrir en su mirada porque corre, tratar de descubrir en sus ojos si aquella primera vez volvió la mirada en el ultimo grano de arena y le sonrió, si es así sonreirá , pensó, ella pensará ¡nunca me dejó ir! y el mucho más sonriente aún seguirá corriendo a su lado hasta el próximo amanecer donde la esperara otra vez, pero antes le contará que en las noches sin luna le ha soñado y en las que con luna no ha estado a su lado se las ha pasado dibujando en miles de constelaciones, la historia que no sé quien podría entender, talvez nadie, pero eso no la hace menos creíble aún más la hace, increíble.
¡Nunca he dejarte correr sola, mientras en las estrellas pueda escribir nuestra historia! Le dirá cuando otra vez el sol y la lucidez los separe.
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