
Poco pide un pingüino para poder pasarla perfectamente, apenas pide un poco de paz, y paz era precisamente lo que pedía Paco pingüino, pero se le contraponían un par de protuberantes problemas. Primero, pájaro bobo es el apelativo que los científicos le han puesto a los pingüinos y para un pingüino susceptible no cabe duda que de pájaro bobo a pajarraco pendejo no hay sino un paso, por otra parte paco pingüino padecía hipotermia plumar (¿¡¿cuac?!?) dicho en buen cristiano el tipo era friolento, y si pensamos en un pingüino que pasa su vida en el polo y que es friolento, pues claro, los demás pingüinos de la pingüinada lo apartaban, lo pateaban, lo pisoteaban. “¡Plumífero estúpido, tarugo, pelmazo, pánfilo” le decían y ni mencionar las palabras procáces que proferían los pingüinos pandilleros. Por todo esto Paco pingüino estaba deprimido, andaba de psicólogo en psiquiatra y psicoanalista pero ninguno ayudaba con el problema de frío y soledad que Paco pingüino aquejaba. Y la historia tendría un final patético si no fuera porque un día pasaba por en frente a “La Panacea. Perfumería y droguería” y aprovechó para entrar a pedir unas pastillas para la gripe, pastillas para el pecho que le molestaba permanentemente, pero estaba realizando su pedido cuando presintió una presencia por la parte posterior y volteo a mirar, era ¡ella! Sí era ella, era Patty pingüina, otra pingüina apartada, curiosamente también por hipotérmica, pero Paco pingüino la encontró preciosa, tan preciosa que quedó ahí petrificado, plantado, pasmadote pero no congelado, nunca más. Por fortuna Paco pingüino poseía el poder de la palabra, por lo que pupila a pupila le dijo a Patty pingüina:“primorosa aparición de plumas plateadas, ¿podrías pisarme la patita, please?” particular petición podría parecer esta de pisarse las patitas, pero para los pingüinos este gesto de pisarse las patitas equivale al sueño de enamorado de darse un besito, a plantarse un pico y Patty pingüina al ver a tan apuesto pájaro con tal proposición no dudo un instante, no lo pensó dos veces y pisole la patita a Paco pingüino y desde ese instante juntos este par sintieron que por dentro la temperatura oscilaba sin control, patinaba, supieron sin necesidad de palabras, de manera tácita que ya no padecían hipotermia, al contrario sentían unas ganas inmensas, inconmensurables, imparables, inpajaritables de tomarse la punta de las plumas de las aletas y nadar así juntitos por las corrientes más frías del océano polar, desde entonces no volvieron a usar pastillas, ya no padecían hipotermia y desde entonces y más importante aún nadie los volvió a tratar mal, porque a un par de pájaros apasionados, enamorados, nadie nunca jamás podrá decirles con justicia, pájaros bobos.
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